No confundamos el amor con la comodidad


Sentirte cómodo con tu pareja es normal, quiere decir que entre ambos existe confianza incluso para disfrutar de los silencios compartidos es muy saludable. Sin embargo, la comodidad negativa es otra. Es aquella que te hace sentir estancado con un estilo de vida, aunque en tu interior, soñando con algo más sólo que no quieres dar el paso porque piensas que ya es muy tarde, tienes miedo a la soledad o crees que ya pasó tu momento.

Ir más allá de la rutina

El amor puede morir al buscar siempre las opciones previsibles en cada circunstancia. Porque vivir una historia te implica como persona. Y esto es salir mucho de tu zona de confort, potenciar la escucha activa para comprender a tu pareja, más allá de tu propio punto de vista.

Para que sepas que tipo de comodidad sientes con tu pareja, debes escuchar tus emociones. Por ejemplo, si de un modo habitual experimentas una agradable sensación de tranquilidad interior, esto quiere decir que estás en el lugar que deseas. Por el contrario, si esta comodidad se traduce en desgana, cansancio psicológico, apatía y frustración, entonces, quiere decir que no te encuentras en un lugar estable. Las emociones, que son agradables y las que no lo son, te ofrecen una información importante de cómo te sientes en una relación.

La felicidad es la meta definitiva

Es muy importante no confundir el amor con la comodidad, porque tristemente, las personas podemos acostumbrarnos incluso a situaciones de infelicidad. Podemos pensar que todo se encuentra bien porque nos acostumbramos a esa emoción sea buena o mala. sin embargo, la costumbre no debe alejarte de tu propio desarrollo como ser humano en el amor y en cualquier ámbito.

No puedes vivir una infelicidad por la flojera de no querer cambiar y mantenerte en ese estado porque piensas que ya llevan muchos años así y no quieres verlo como algo perdido. Tienes que ser consciente de tus emociones y razonar sobre ellos para que puedas estar seguro de lo que sientas. Que sea amor y no infelicidad.

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Coraje para Amar


Como una tortuga con un caparazón grueso y pesado me sentía por muchos años. Así mismo a muchas se nos olvida como es vivir el día a día sin ese pesado caparazón.

Si nos permitimos revelar quiénes somos y permitimos que las personas nos amen, así es como nos curamos no ocultando nuestros corazones.

Cuando compartimos un poco más, con nuestros amigos y las personas con las que estamos saliendo, podemos experimentar una conexión verdadera y auténtica que, por supuesto, es INTIMIDAD.

El miedo a la intimidad es el miedo a SENTIRNOS conectadas, sentir amor, sentirse vulnerable y, por supuesto, la posibilidad del rechazo y el miedo a sufrir. Pero si nos amamos a nosotras misma, el rechazo ya no importa porque dejamos de rechazarnos a nosotras mismas. Saber quien eres en Dios es lo mejor que nos puede pasar.

#identidad

El Amor Fluye


En una relación sana, el amor fluye en una forma pareja.

Ninguno de los dos está dando más que la otra persona.

Primero tenemos una responsabilidad con nosotros mismos, con nuestro cuidado personal, nuestra forma de pensar y nuestras emociones. Ese es el primer compromiso. Entonces tenemos una responsabilidad con la relación. ¿Cómo nos estamos cuidando el uno con el otro? ¿Se están cumpliendo nuestras necesidades?

Muchas veces nos enamoramos de alguien súper necesitado que no tiene nada para dar. No ha tenido la oportunidad de aprender a llenarse primero para poder dar. Cree que ser egoísta es saludable sin darse cuenta que puede herir a personas a su alrededor. Es muy posible que nunca se a preguntado a si mismo “¿Qué tipo de compañero quiero ser?” Versus pensar “¿Cómo puedo encontrar una compañera para mí?”

El amor fluye cuando es libre, cuando es bueno, cuando las pequeñas cosas son importantes, cuando cantar juntos los hace feliz, es querer cuidarse hoy para juntos construir una relación íntegra mañana. El amor sano fluye sin importar el tiempo, lo importante es el impacto durante el tiempo que han estado juntos.

El efecto rebote después de una dieta


Es muy posible que estés experimentando el efecto rebote y hayas recuperado el peso. ¿Por qué sucede esto?

Los expertos explican que las dietas interfieren en el sistema natural de regulación del peso. «Tu organismo está diseñado para mantener el peso natural que genéticamente te corresponde y cuando haces una dieta porque tienes unos kilos de más, y bajas de peso rápidamente, el hipotálamo no sabe si es una dieta o una hambruna y reacciona para que recuperes el peso perdido y sobrevivas», declara Luis Navarro, Director de Navarro Clínica.

Cuando se hace una dieta, una serie de ajustes en el cuerpo hacen que se reduzca el metabolismo, es decir, que se consuma menos energía para mantener las funciones vitales del cuerpo, que se sienta irritabilidad y ansiedad por la comida, que se desee comer y que prácticamente no se pueda evitar.

Es el efecto rebote. La fuerza de voluntad no logra vencer el mecanismo de supervivencia que se activa cuando se pierde peso rápidamente para que se recupere. «La alternativa para adelgazar es dejar las dietas, la mentalidad de dieta, el control sobre la comida, la obsesión por el peso y el rechazo al cuerpo y, progresivamente, conectar con el cuerpo y permitir que los mecanismos internos de hambre y saciedad nos guíen a la hora de comer y de parar de comer», afirma Navarro.

La ciencia responde

El sistema de regulación del peso es muy eficiente. Una persona consume en un año un millón de calorías de promedio y mantiene el peso natural con una precisión del 99,5%. Si se multiplica esto por 70 años sin hacer dietas y manteniendo el peso natural, es un mecanismo asombrosamente sofisticado y preciso. Es un proceso automático, es como la respiración: funciona solo. (Según detalla Jeffrey M. Friedman, especialista en genética molecular en la Universidad Rockefeller de Nueva York, en su estudio ‘Modern Science versus the Stigma of Obesity’, publicado en Nature Medicine en 2004).

Como el cuerpo autorregula el peso automáticamente, ¿qué sucede cuando queremos manipular e influir en este mecanismo? La respuesta la encontró el doctor Ancel Benjamin Keys. En 1945 realizó un estudio en Minnesota, después publicado con el título ‘Biology of Human Starvation’, con 32 voluntarios que estaban en estado óptimo de salud. Durante seis meses estuvieron en un estado de semi hambruna con el objetivo de que perdiesen el 25 por ciento de su peso y para ello ingerían un promedio de 1.570 calorías diarias. Los cambios que observaron en los voluntarios, similares a los de las dietas:

• La tasa del metabolismo se redujo en un 40%.

• Estaban obsesionados por la comida.

• Engullían vorazmente o comían lentamente, alargando las comidas.

• Cambios de personalidad y en muchos casos el principio de apatía, irritabilidad, mal humor y depresión.

• Después de 6 meses de hambre controlada, les permitieron comer lo que querían y los ataques de hambre se hicieron más intensos y el hambre era insaciable. Les resultaba difícil parar de comer. A la mayoría de los participantes les costó un promedio de cinco meses normalizar su alimentación.

Las conclusiones del estudio constataron que al dar por acabada la semi hambruna de 1.570 calorías diarias, los participantes tenían una necesidad psicológica de comer todo lo que no habían podido y una necesidad física de recuperar el peso que perdieron con la dieta. Estas conclusiones han sido corroboradas por estudios posteriores.

Millones de personas han hecho dietas después del Minnesota Starvation Experiment desde 1945 y no hay ningún estudio científico, en 72 años, que muestre que las dietas permiten mantener los kilos adelgazados a largo plazo, salvo en una cantidad ínfima de personas.

El mayor estudio y más largo en el tiempo sobre este asunto, se realizó a partir de 1991, es el llamado Women’s Health Initiative (Iniciativa de Salud de la Mujer). Más de 20.000 mujeres siguieron una dieta baja en grasa e ingerían un promedio de 360 calorías menos al día. Después de casi ocho años siguiendo esta dieta el peso seguía igual que al principio y además la grasa abdominal había aumentado.

Los Doctores Janet Polivy y Peter Herman, de la Universidad de Toronto, explican en su libro ‘Breaking the Diet Habit’, que cualquier dieta lleva a hartarse, sin importar la personalidad, el carácter o el peso de la persona que hace la dieta. Y que cuanto más restrictiva sea la dieta, más intensos son las hartaderas. Describen la dieta como un muelle, cuanto más restrictiva sea la dieta más se aprieta el muelle, y al acabar la dieta, al soltarse finalmente el muelle, más intensos son las hartaderas.

¿Vegetariano o vegano?


Ambos basan su alimentación en los vegetales, pero unos son más estrictos que otros.

Los pediatras italianos se han manifestado públicamente contra las dietas veganas para los niños en los primeros años de vida. En el caso de las vegetarianas se muestran algo más abiertos, siempre que se incluyan los huevos, leche y alimentos con hierro, omega 3 y vitamina B12. Pero, ¿qué diferencia hay entre vegano y vegetariano?

Un vegetariano, también llamado ovolactovegetariano (incluyen lácteos y huevos), es «alguien que no come carne, sea roja, blanca o procesada, ni tampoco pescado o marisco, o cualquier alimento elaborado con dichos productos», explican Julio Basulto y Juanjo Cáceres en su libro «Más vegetales, menos animales». Los veganos son más estrictos, ya que excluyen cualquier producto de origen animal, incluidos lácteos, huevos y derivados.

Este tipo de dieta, mal planificada, puede tener consecuencias negativas sobre la salud y el crecimiento de niños y adolescentes.

La Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap) quiso abordar el tema a principios de este año y organizó el seminario «Niños vegetarianos, ¿niños sanos?», que contó con la participación como ponente de la doctora Miriam Martínez Biarge, pediatra del Department of Paediatrics del Imperial College NHS Trust- Hammersmith Hospital de Londres (Reino Unido). «Tiempo e información a las familias son dos aspectos necesarios para contribuir a que los niños vegetarianos y veganos tengan todos los nutrientes necesarios para su crecimiento y normal desarrollo», explica la doctora Martínez.

La Academia Americana de Nutrición y Dietética considera que estas dietas bien planificadas son perfectamente adecuadas y saludables para niños de todas las edades.

Es importante prestar especial atención a la alimentación vegetariana o vegana en cada una de las diferentes edades. Al igual que con todos los bebés, la lactancia maternaes la forma de alimentación ideal para los lactantes vegetarianos o veganos, por lo que ésta debe ser apoyada. En este sentido, «es importante asegurarse de que estas madres tomen un suplemento regular de vitamina B12 y yodo», apunta la doctora.

Los alimentos sólidos se pueden introducir de la misma manera que para los niños no vegetarianos, a partir de los 6-7 meses, «reemplazando la carne por productos como lentejas, garbanzos, guisantes o tofu», aclara.

A partir de los dos años de edad, la alimentación debería parecerse a la del resto de la familia, dependiendo el número de raciones de la edad, los niveles de actividad física o las características personales de cada niño.

Según afirma la experta, a la hora de alimentar a niños vegetarianos o veganos conviene prestar especial atención a ciertos nutrientes:

-Proteínas: las mejores fuentes de proteínas en la alimentación vegetariana y vegana son las legumbres y los frutos secos y semillas, que deben estar presentes en la dieta a diario. En una alimentación vegetariana o vegana bien planificada las proteínas no tienen por qué constituir un problema.

-Grasas: son muy importantes en la alimentación infantil y ninguna dieta debería restringirlas. Las mejores fuentes de grasas en las dietas vegetarianas o veganas son los frutos secos y las semillas, los aguacates y el aceite de oliva.

-Calcio: en los primeros 2 años los bebés obtienen el calcio a partir de la leche materna o de fórmula; en los mayores de 2 años, además de productos lácteos, otras buenas fuentes de calcio son las verduras de hoja verde, el tofu, las leches (y yogures) vegetales enriquecidas y las legumbres. Los niños (vegetarianos o no) que no se expongan al sol regularmente pueden necesitar suplementos de vitamina D.

-Vitamina B12: sólo se encuentra de forma natural en los alimentos de origen animal, por lo que, aunque los productos lácteos y huevos, así como los alimentos enriquecidos aportan pequeñas cantidades de esta vitamina, se recomienda que todas las personas vegetarianas y veganas tomen un suplemento semanal de vitamina B12.

Source: http://www.abc.es/sociedad/abci-dietas-vegetariano-o-vegano-estas-diferencias-201709252044_noticia.html